Soy tan egoísta

¿Cuál es tu motivo por el que te levantas cada mañana? — me preguntó una Sra. De aproximadamente 40 años, mientras estaba la sesión de preguntas y respuesta al terminar la conferencia —. YO  — le dije tajantemente con cara seria y una sonrisa corta al final —. Con asombro y sin comentar nada volvió a tomar asiento. Mi intuición me hizo sentir  que esa pregunta fue más un ataque que una duda. El grito de “uuuuuuuuu” se hizo escuchar en los rincones del auditorio.

Seguramente más de uno se quedó pensando en que soy un egoísta; y la verdad es que si lo soy.

Todo ser humano tiene que tener cierto grado de egoísmo para ver por su propia vida. No podemos poner felicidad en los otros sin antes hacerlo con nosotros, no debemos hacer las cosas para “hacer sentir bien a los demás”, primero soy yo antes que todo.

Siempre utilizo un ejemplo muy irónico y estúpido, pero real: Si en este instante por causas de la naturaleza, tu casa cae… ¿qué es lo primero que haces?. La respuesta de muchos: salir corriendo y ponerse a salvo. Hasta que tomas conciencia del hecho, comienzas a pensar que dentro de la casa se quedó algún familiar, tu perro o un amigo. Y es que el instinto de supervivencia nos hace egoístas naturalmente.

En mis arranques por cumplir mis sueños siempre pensé en mi felicidad y cómo podría cambiar mi vida, eso me ha ayudado a alcanzar lo que algún día fue una meta. Y es que si pones atención en lo que dicen tus familiares, tus amigos, o las personas que te rodean, difícilmente vas a conseguir aquello que buscas; necesitamos ser egoístas con nuestros sueños, alejarnos de las personas que nos frenan.

El egoísmo no es tan malo como parece, lo catalogamos como si  lo fuera y no lo es, y es que la sociedad nos condiciona para creer que el amor hacia nosotros mismos es un acto de egoísmo, vanidad y narcisismo. Cada quién tiene que ser la persona más importante en su vida, para que lo que salga de ti sea de calidad.

Es curioso porque muchos de los conflictos emocionales surgen por la falta de amor propio y por el crear grandes expectativas en los demás. Cuando sientas que algo te hace falta en tu vida, quizá seas tú mismo. Quiérete, ámate, acéptate, perdónate, respétate, sé egoísta. Esto no tiene nada que ver con sentimentalismos ni cursilerías. Se trata de un asunto bastante más serio.

Todos andan buscando al “amor de su vida”, su media naranja; pero la verdad de todo, es que cada quién debe ser la naranja completa, cada quién debe ser el amor de su vida. Porque al final todo acaba, todo se va, y el único que se queda es uno mismo. Cuando te amas, te respetas y sabes de tu valor, dejas de aceptar descuentos, chantajes, insultos, golpes e infidelidades. Dejemos de creer en cuentos de hadas y princesas, cree en tus posibilidades de hacerte feliz.

Tienes que creer en ti mismo y en lo que vales, porque si no, ¿quién lo hará?. Nadie te puede dar más apoyo que tú mismo, nadie excepto tu mente te puede concienciar de que eres capaz de todo, nadie excepto tú, puede cambiar tu destino.

Dejemos de poner el amor de pareja como lo más importante en la vida, hay cosas tan importantes como la salud emocional y el amor propio.

Los  grandes genios han sido egoístas por querer encontrar la aguja en el pajar, por encerrarse en su mundo y conocer la verdad, por olvidarse de todos y tener un objetivo personal; descubrir, crear, innovar. Y es que la única diferencia entre los genios y la gente mediocre; es que los genios creen en ellos, cuando nadie más cree en ellos.

Ceder en todo lo que te pidan no habla de bondad, habla de alguien con miedo, es una bofetada a la autoestima, un insulto al amor propio.

Un sabio es aquel que pide todo tipo de consejo, pero que a la hora de decidir lo hace por si mismo. Puedes pedir ayuda, por supuesto, y habrá, con suerte, mucha gente que se preste a ayudarte, pero al final estás solo.

“Porqué eres tan egoísta Axel, siempre nomas mirando por tí” — Fue el comentario de enojo que me hizo un familiar muy cercano porque no hice algo que según ella era lo correcto—. Pensé; soy tan egoísta que doy conferencias gratuitas motivando a jóvenes a que luchen por sus sueños, soy tan egoísta que fundé una asociación civíl para apoyar a personas en situación vulnerable, soy tan egoísta que apoyo las carreras artísticas de algunas personas para lograr lo que ellos buscan, soy tan egoísta que si no hubiera sido egoísta, no pudiera tener la felicidad, paz, tranquilidad y plenitud que hoy tengo para poder compartir, escuchar y apoyar al prójimo. Soy tan egoísta – pensé.

Y la pregunta aquí es ¿hasta qué punto es bueno preocuparte por uno mismo?. La verdad es que demasiado de algo, siempre es demasiado. Todo es equilibrio.

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