Ojalá que haya otro sismo

No sólo se activaron las alarmas sísmicas y las alertas de réplicas; fueron miles de personas que atendieron el llamado del dolor.

Hoy ví a miles atascando las calles de la ciudad de México con cascos y palas, grandes empresas poniendo sus servicios a disposición del pueblo, niños revisando sus alcancías y pidiendo el domingo adelantado; la intención era dar. Cada rincón se convirtió en un centro de acopio.

Hoy no importaron las clases sociales, los estudios, los posgrados. Ví a morenos, güeros, doñas, señoritas. Ví jóvenes, perros e israelitas, ví japoneses, defeños, norteños, topos y militares siendo uno solo. Retumbó el cielito lindo, por todos lados miraba abundancia, me emociono escuchar “Aquí ya no necesitamos, hay mucho”. Una solidaridad y unión que te hace amar más a tu país.

Hoy aprendimos de trabajo en equipo, de vigas, cimientos y estructuras, del lenguaje en el campo de batalla. Aprendimos de placas tectónicas, de movimientos oscilatorios y trepidatorios. Hoy la madre tierra nos dio una sacudida de consciencia, nos dejó claro quién manda aquí, cimbró el suelo y nos hizo pensar que todo es pasajero, reafirmo que este mundo es perfecto y lleno de abundancia. Revivió el liderazgo, renació la fuerza mexicana, despertó el pueblo.

Es cierto, también ví la tristeza y la muerte. Las piedras, las explosiones, las fugaz de gas y los cuerpos colgados, ví los edificios cayendo y pisos agrietados, pero hay algo que nunca se rompe; el amor. La lección se ha dado. Gracias sismo porque hoy más que nunca hiciste que nos uniéramos, porque por fin los sectores marginados tuvieron los reflectores y descubrimos las carencias en las que vivían, porque hoy abrazaremos la vida como nunca.

Deseo profundamente que todos los días haya un sismo en nuestro corazón, que nos active el dar y el hacer, la empatía y la unión sin importar sea una declaratoria oficial de zona de desastre. Que sea una cacheta de guante blanco para alentarnos a seguir viviendo en amor y servicio.

El sismo tomó por sorpresa a muchos, pero el pueblo mexicano tomó de la mano al prójimo, a su país; espero que nunca lo suelte.