No soy anti-social, soy ambivertido

Ya perdí la cuenta de las veces que rechacé salir de fiesta, de las ocasiones que me llamaron anti-social, ogro, amargado y hasta señor . Y es que no me gustan las multitudes; me engento, no me gusta estar en círculos con personas que no conozco, no es de mi interés hablar o conocer individuos los cuales no tengamos algo en común, propiciando charlas banales y predecibles. Escuchar a una persona hablar y hablar sin sentido alguno, puede ponerme en una situación incómoda hasta volverme loco.

Es curioso, porque como un fin de semana normal para mí; en casa, encontré la conferencia en TEDx de Susan Cain: El poder de los introvertidos. Y es que lo que cuenta es de lo que yo y muchos sufren.

No soy un anti-social porque no odio a la sociedad, tampoco soy un ogro, simplemente prefiero la soledad, el silencio, crear, estabilidad, tranquilidad, paz, escuchar cosas que aporten algo; contenido de valor. No soy un anti-social, simplemente soy un ambivertido, con inclinación por la introversión y apasionado de mi trabajo.

Pero bueno, definamos estas personalidades:

Extrovertido es aquel que no pueden estar en soledad, el silencio le genera ruido mental, ansiedad e incomodidad. Siempre están en movimiento, rodeado de personas, hablan de lo que sea; la idea es hablar.

Los introvertidos prefieren no socializar porque no les gusta mucho el ruido o la gente; gustan de ambientes silenciosos. No son personas aisladas pero elijen entornos en paz y se desarrollan muy bien en contextos de socialización. Cuando deseas socializar pero te da miedo hacerlo por el qué dirán, eso es ser una persona tímida. Ahí la gran diferencia entre introvertido y tímido; uno elije alejarse y el tímido tiene miedo al juicio social.

Pero ahora existe un nuevo término: ambivertido, que es la persona que puede estar sola sin problema, pero también puede socializar. Se adapta al contexto.

Seguramente recuerdas aquel chico del rincón en el salón de clases que poco hablaba, y cuando lo hacía era correcto y se iba a la yugular; normalmente tenía buenas notas. Detestaba participar en los bailes de la escuela o cualquier actividad social.

Y es que el mundo del trabajo, educativo y social está hecho para extrovertidos. En las fiestas te quieren poner a bailar, en el karaoke te obligan a cantar, en las reuniones te quieren sentar en la mesa con todos, te piden que cuentes chistes, a fuerza y por calificación tienes que participar en las marchas de la escuela, te obligan a trabajar en equipos de 6. Dejemos de sobreestimar el trabajo en equipo. Piden que hables, que socialices, que te diviertas ahogado en alcohol, que dejes la flojera  —porque así le llaman ellos —. Existe esta idea preconcebida que al responder “me quede en casa”, cuando te preguntan ¿qué hiciste el fin de semana?, las personas te imaginan en una esquina del cuarto con poca luz, comiendo nieve, moqueando a ríos de llantos, cuando es todo lo contrario.

Mi tendencia es alejarme de las personas y estar en mi casa solo, no porque no ame o los sentimientos que tenga sean pocos, para mí es la única manera de poder crear, producir, leer, escribir, crecer e incluso mirar documentales o conferencias, y lo mejor de todo es que lo disfruto inmensamente. Esto no quiere decir que no haya espacio para la estupidez, para la fiesta o la diversión, si lo hay, pero con sus restricciones; no antros o concierto de música que no sean de mi gusto. Me inclino por las fiestas en casa de conocidos o una charla amena de 2 en algún restaurante, casa o lugar natural al aire libre, esto puede incluir cervezas, café o comida.

Y sí, no cualquier persona entra en mi vida para decidir salir con ella. Es por eso que la mayor parte de mi tiempo la paso solo. Esto no es motivo para que no me divierta. Soy de los que ha ido al cine, conciertos, raves, restaurantes, viajes o emprendido proyectos solo. No me gusta depender de las personas y mucho menos estar arrastrando o aguantando gente. Mi tiempo, mi espacio, mi actividad.

Los introvertidos suelen ser mejores líderes; escuchan más, contemplan ideas. No están influidos por el pensamiento colectivo, son muy exclusivos, escuchan más de lo que hablan, no les gusta el conflicto y conversar sobre temas banales, prefieren hablar sobre temas de ideas o proyectos, disfrutan los debates profundos con gente que representa un reto por su conocimiento, no con personas reactivas y ansiosas. No suelen buscar fama y fortuna, pero si se topan con ella suelen adaptarse en momentos necesarios. Son prudentes, piensan antes de hablar; analizan si vale la pena decirlo. Escuchan, miran a su alrededor; explica Susan Cain en su libro “El poder de los introvertidos”.

Curiosamente, en la vida también tengo mi lado de extroversión; produzco mi programa de radio, doy charlas y talleres, mi trabajo es principalmente es en temas de comunicación personal y cómo conectar personas, he estado frente a cientos de ellas, estoy en contacto con muchas, y lo disfruto y me gusta, pero si me dieran a elegir no lo pensaría 2 veces; el silencio y la soledad. Que al final todo debe ser un equilibrio.

“Nos venden la idea de que ser popular es lo correcto, que entre más personas te rodeen más te van a querer, que hay que hablar y hablar, que es necesario ganar amigos e influir en las personas para poder ser felices” dice Susan Cain.

El hecho de que seas extrovertido, introvertido o ambivertido no te hace mejor o peor persona, simplemente es tu personalidad y ya. Entiendo que hay que motivar a las personas a que hagan cosas abiertamente, pero si ya te han dicho que no les interesa, es tiempo de respetar su naturaleza. Este es un llamado a aquellos jefes, profesores o padres que forzar e incomodan a las personas a hacer algo que no quieren realizar.

Hay que dejar de ver a la introversión como una rareza o como una enfermedad que tiene que ser curada, es un rasgo de la personalidad nada más.

Si hemos fomentado un mundo extrovertido es porque así lo hemos visto, no porque deba ser así.