No grites, no salgas, no respires, no vivas

Hace unos días invite a una persona a entrenar en bicicleta por carretera, me dijo que no, que le generaba desconfianza y hasta peligro. Claro que lo entiendo; los atropellados por tráilers en ese tramo son bastos. ¿Pero acaso ese no es el riesgo de vivir?.

Existimos atormentados con el exceso de noticias; todos hablan de lo que debería ser, de lo justo, lo obligado. Nos guían, nos limitan, nos angustian, nos generan culpa y sentimiento inútil. Pareciera que vivir es malo; la idea es evitar la muerte.

No hace falta investigar mucho, todos hablan de lo mismo: Lo peligroso que es vivir en edificios de la Ciudad de México por los sismos, la alta probabilidad de morir en un concierto en USA por un loco con armas, lo malo que es dejar botellas de agua en el carro, lo fácil de sufrir el síndrome del trasero muerto o hipersomnia. Qué evitemos enojarnos porque subes de peso, que el cáncer vive en las sopas instantáneas, en frutas y verduras enceradas para su comercialización, en la comida rápida y en los pollos de granja, pero que si tienes obsesión por comer sano puedes padecer ortorexia. Los  neurólogos dicen que la soledad mata, pero el exceso de felicidad también.

Nos invitan a viajar, pero marcan el camino de a donde sí y que no porque es peligroso. La alerta está en no salir a la calle después de las 10 de la noche, pero por el hecho de ser mujer tienes 50% más de probabilidad de ser asalta, sometida, violada o desmembrada. La Organización Mundial de la Salud dice que los hombres tienen un 40 % más de probabilidades de morir de cáncer que las mujeres.

Hoy no puedes regañar a tu perro porque es maltrato animal, hoy no puedes sentarte a mirar una telenovela porque eres un pendejo que evade su realidad. Hoy no puedes gritar el nombre de tu equipo favorito porque no sabes de futbol, hoy tienes que seguir lo que marca tu religión porque si no el cielo no está asegurado para ti. Hoy no se deja salir a los niños a jugar que porque afuera los pueden roban. ¿Y entonces cuándo vivimos?. Parece que todo hace mal y que todo mata.

Vamos acelerados como pollos sin cabeza para que no nos pase nada, cuando lo único que pasa es la vida. Sentimos la presión de lo que se supone deberíamos hacer, de lo correcto, de lo fácil, de lo que marca la sociedad “para tu bien”.

 

Este mundo no es algo predeterminado en el que todos debamos seguir el mismo patrón de siempre. Este mundo puede ser tan fabuloso como quieras crearlo.

Es cierto, te dicen que tomes precauciones, que la pienses dos veces, que no vayas, que no te arriesgues; y es que todos te quieren, pero al final todos mueren.

He visto que la gente con obesidad, alcoholismo, obsesiva o con amor a una droga muere, pero también a los veganos, deportistas y hasta los más espirituales. He visto morir a personas jugando, caminando, en la fiesta, mientras nadan, mientras duermen. ¿Entonces qué nos queda? Vivir sin límites, sin miedo a morir.

No podemos estar sumergidos en una burbuja de hierro para que no nos pase nada, el riesgo de vivir es la muerte. El riesgo de nacer es sufrir, llorar y sangrar. Nacer es doloroso, son gritos y llantos, son viseras y espantos; todo forma parte de la vida, y lo hace maravilloso.

Por eso te invito a que salgas y te pierdas en el desierto, en la montaña, entre la gente, en la oscuridad de tu cuarto. Ojala que te resbales y sientas la presión de la vida, que te aplaste un caballo del carrusel en la feria del pueblo. Que viajes, que el dolor y la duda lleguen a ti. Aléjate, vete a donde nadie pueda verte, grita, regaña, mienta madres, enójate, llora solo y acompañado. Siente la gloria y la adrenalina corriendo en tu cuerpo, haz que el aire fresco de los trailers te cimbre mientras pedaleas en carretera. Siéntete el rey, siéntete miserable: eso es lo salvaje de la naturaleza de la vida.

No te preocupes por vivir muchos años, preocúpate por crear algo que si lo haga. No te preocupes por morir, ocúpate en cumplir tus deseos más profundos, por morir satisfecho con tus resultados, con tus experiencias y la vida que lograste para que al final puedas gritar: “todo valio la pena, me voy satisfecho”.

La muerte es otro regalo de la vida y nos toca abrazarla.