La muerte simbólica

Muchas veces cuando algo llega a su fin nos negamos desde la “comodidad y el miedo” a dejar morir esa situación. Nos da miedo a abandonar esa zona donde todo es conocido. Pero a cambio vamos a pagar un precio y es que, viviremos con un gran vacío que nos hará de la vida un aburrimiento.

La muerte simbólica es necesaria para nuestra evolución espiritual. Es necesario aprener a soltar y dejar morir ese “algo” que sabemos que ya ha llegado a su fin en nuestra vida. Si no damos muerte, se estanca y por lo tanto, se pudre, y vivir con algo podrido en nuestra vida no es la mejor manera de disfrutar, además que no huele bien.

¿Cuándo sé que estoy viviendo una muerte simbólica?

Sentir vacío e incomodidad imcomprendida es el indicador de que esto ya no es para nosotros, es la señal de que debemos dejar morir aquello que nuestra alma sabe que ha terminado. A “esto” me refiero: a esa situación personal o de trabajo que nos ahoga, a ese grupo de amigos, a esa persona en concreto, a esa pareja o incluso a ese apego material que nos esclaviza diariamente.

Este vacío es el resultado de no ser coherentes con nosotros mismos, de ir constantemente en nuestra contra.

No te mueras con tus muertos

Sabemos lo duro que es vivir una pérdida de un ser familiar cercano, pero a veces no sólo muere la persona sino también hay quienes se quedan muertos en vida tras la pérdida al culpabilizarse, al no aceptar, afrontar y viviendo enganchados de lo que fue.

No sientas culpabilidad mejor hazte responsable de tu vida y por ello, toma las decisiones desde tu corazón y aparta tu mente racional.
Para todo esto, apóyate y guíate con un único y maravillo ejercicio que la vida te ofrece: “El Perdón”, el Perdón a nosotros mismos, el perdón de no saber ver la inocencia del mundo, el perdón de no saber comprender las situaciones de nuestra vida.

Hay personas que se sienten morir con sus parejas y entierran con ellas sus sueños y deseos de vivir. Por eso más de uno se queda sin sentido ni rumbo.

La muerte para renacer

En la respiración hay un instante de apnea, donde no hay inhalación ni exhalación, es decir, morimos por unos segundos para poder empezar de nuevo.

Después de una pérdida o un mal momento date el tiempo de asumir y morir en consciencia. Llora, distancíate, no hables, no salgas, monta tu circo de las lágrimas pero ponle fecha a tu tristeza. Deja de lado la presión de querer sentirte bien, date tu tiempo para asimilar y vivir tu duelo.

Tan sólo el miedo nos hace aferrarnos a lo que tenemos pensando que nada nuevo llegará. Si un árbol tuviera miedo a soltar las hojas no podría florecer en todo su esplendor cada primavera. Necesita ese momento de reposo, ese momento de “muerte” para poder renacer.  

Lo cierto es que su pareja o familiar fallecido seguro no quisiera verte cargando ese dolor tras su partida y por eso es el momento de levantarse y seguir disfrutando la vida que tiene ante sus ojos, apuesta por rehacer tu vida y pasar página.

Date tiempo y deja las cosas fluir sin forzar ni el tiempo de duelo ni acelerar el momento de tomar nuevas decisiones en la vida con respecto a tu nueva situación.

Muerto en vida y mutilado en el tiempo

Vivimos una vida condicionada por nuestra identidad, esto engloba nuestra familia, nuestras creencias, nuestro trabajo e incluso nuestras aficiones. Cuando el personaje que hemos creado nos causa sufrimiento, estamos tan apegados que, por no soltarlo, nos empequeñecemos hasta desaparecer, al final nuestra vida termina siendo un personaje.

Muero cuando estoy con una pareja en donde lo menos que hay es amor, cuando aceptamos trabajamos por necesidad y no por pasión. Cuando me callo, cuando no expreso mis emociones, cuando permito que me humillen. Cuando no me respeto y me mutilo para encajar, esa es otra manera de morir.

Nadie más que nosotros nos impide reiniciarnos, empezar a ser otra persona en el mismo cuerpo. Se trata de elegir entre estar muerto en vida o morir para empezar a vivir, es una decisión que tan sólo puede tomar cada uno respecto a sí mismo. Que la muerte se lleve todo aquello que ya no necesitamos y en lo que ya no debemos gastar más energía. Para ello, debemos confiar, soltar y dejar que las cosas ocurran como tengan que ocurrir y sobre todo, no poner expectativas.

Hay que levantarse todos los días con metas y objetivos a cumplir, pero nunca pongas tú las reglas de cómo han de suceder, es decir, no pongas expectativas, dejate fluir. Piensa y confía que todo es perfecto, que todo caos tiende a un orden por ley Universal. Piensa que una muerte siempre lleva a una vida y es por ello que cuando soltamos y dejamos morir algo, siempre aparece otro algo nuevo y resplandeciente, lleno de vida donde no habrá espacio para ese vacío.

Cuando atravesamos una crisis, no estamos experimentando una falla que necesita ser corregida, sino más bien viviendo una oportunidad de “re-estructurarnos” y salir como individuos más fuertes y más adaptados a las corrientes y problemas de la vida.

Acepta tu estado, tu situación. Permite que el dolor esté ahí. Deja de poner resistencia y ríndete. Ríndete ante lo que es. Deja de luchar; relájate con plena confianza en este proceso de despertar. Suéltate de dónde estás aferrado y déjate caer con total seguridad y confianza. Cuanta más resistencia pongas, más tiempo tardarás en salir de este estado de dolor. Esto pasará.