El arte de perdonar

En algún momento de mi vida fui muy rencoroso, me aleje de muchas personas porque las traiciones eran imperdonables para mí, no podía ceder; pues dónde dejaba mi dignidad, y es que quién puede perdonar a un padre que abandona, a un delincuente que mató a un hermano, a una pareja que te puso el cuerno o a un amigo que robo.
El perdón en cualquiera de sus variantes es posible.

En una de esas noches de tragos comencé a platicar con un desconocido, y justo estábamos hablando sobre el perdón, me decía que sentía odio por Jorge y que estaría dispuesto a quemarlo vivo, y es que Jorge – su ex-padrastro – había violado a su hermana menor de 6 años. Perdónalo – le dije–, y me contesto que yo estaba loco, que cómo es posible que lo perdone para que no lo metan a la cárcel…. después decidí cambiar de tema porque se estaba tornando agresivo.

Amigo desconocido, déjame decirte lo que no pude decirte ese día; perdonar no significar ceder o estar de acuerdo, perdonar no significa que no tengo que denunciar o que no se cumpla la ley: yo te perdono por ser el violador de mi hermana menor, pero tus actos tienen consecuencias ante la ley y tendrás que cumplirlas. Yo te perdono por ser infiel más no significa que tengo que volver contigo. Yo te perdono por hacerme el mal, más no significa que todo va a ser como antes.

Perdonar no es sinónimo de debilidad. Muchas personas confunden el perdón con la permisividad. Perdonar no significa permitirles a los demás que vuelan a hacer lo mismo con uno. Perdonar significa entregar el problema a (Dios, destino, Universo o como quieras decirlo) y no al que nuestro ego quiere. Perdonar significa aprender a ponerles límites a los demás y a defender nuestros derechos.

“Lo perdono, pero ojala se refunda en la cárcel y se le mueran todos los hijos….” – eso no es perdonar. Perdonar significa ser consciente de la situación, más no justificar la acción ni estar de acuerdo.
Perdonar es sacar del cuerpo esa emoción negativa que te genera al ver esa persona, esa energía y fuerza que se aloja en los brazos, las piernas, en la garganta y en el estómago, que crea enfermedades como cáncer, colitis, dolores de cabeza, pesadillas entre muchas otras, es por eso que a veces sientes hormigueo en los brazos, se te cierra la garganta o tienes ganas de vomitar, y todo esto por el simple hecho de ver a esa persona que no puedes perdonar. Recuerda que el odio que sientes por tu adversario no le afecta a él, sino a ti.

El resentimiento es como beber veneno y esperar a que mate a tu enemigo”.

Perdonar es: te veo, si quiero te saludo, pero no me causa nada tu presencia y mucho menos vuelvo a sentir ese dolor, rencor, tristeza, ira o cualquier malestar que sentí en un inicio, es decir, saco esa energía de mi cuerpo, pero claro, me acuerdo de quién eres y lo que hiciste pero ya no me crea ninguna emoción, y de ahí la frese “perdono pero no olvido”. El olvido no es el objetivo, lo que cambia es cómo recuerdas la situación, tú decides si lo haces desde el rencor o desde la compasión.

El proceso del perdón consiste en desarmar lo que hemos construido, eliminando las culpas que ponemos en otros y en nosotros mismos. De esta manera, comenzamos a sentir una sensación de unidad. Pero mientras exista una sola persona a la que consideremos culpable, nunca encontraremos paz en nuestra vida.

Nosotros no tenemos la capacidad de perdonar. No podemos perdonar a nuestros enemigos ni a nosotros mismos. Solamente hacemos un juego intelectual que se parece más a una postura arrogante. Creemos que somos los buenos porque perdonamos a los malos.

Al decir perdonar no me refiero a ir a buscar a aquella persona y decirle “perdóname”. Esto va más allá de eso. Es perdonarla en mente y corazón, dejando de un lado el rencor y la culpa en uno mismo, y el perdón a uno mismo, es tal vez, uno de los más difíciles de lograr, proceso que puede durar meses de trabajo interior.

Yo ya aprendí a perdonar ¿y tú?